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Quien
viaja a Belice, viaja a uno de los sitios más
sorprendentes del Mar Caribe. Es, sin dudas, el paraíso
para los amantes de los deportes náuticos. Pero
Belice es también una importante zona de reservas
de flora y fauna, un sitio para el descanso y un lugar
para el deleite entre las delicadas ciudades mayas y
sus encantadoras playas. El clima y la vegetación
varían de una a otra zona, siempre dentro del
tipo tropical, atemperado por los vientos alisios en
la parte de la costa y por las alturas. Hay una temporada
seca entre los meses de febrero y mayo. Un gran número
de pequeños ríos de curso lento atraviesan
la zona llana septentrional, entre los cuales destacan
el Belice, el Hondo y su afluente el Azul; los cursos
de estos dos últimos marcan la frontera con el
Yucatán mexicano.
Belice
(cuyo nombre oficial es, Belize), república situada
en el noreste de Centroamérica, que limita al
norte y noroeste con México, al este con el mar
Caribe y al sur y oeste con Guatemala. Conocido como
Honduras Británica hasta 1973, el país
consiguió su independencia en 1981 y es miembro
de la Commonwealth. Tiene 22.965 km² de superficie.
La capital es Belmopan; la ciudad más grande
y principal puerto es Ciudad de Belice. Y tiene una
población de apenas 200,000 habitantes. Su pequeña
extensión encierra infinidad de bellezas naturales:
planicies, ríos, cascadas, selvas, sabanas, arrecifes,
incluso, restos de actividad volcánica. Los arrecifes
de Belize son laberintos que albergan una espectacular
vida submarina de vibrantes colores y formas. Estos
arrecifes emergen en forma de islotes o cayos que dan
al azul de sus aguas infinitas tonalidades cristalinas.
Los
mayas construyeron sofisticadas ciudades y templos que
han sobrevivido por varios miles de años y seducen
a visitantes de todo el mundo, entre ellos, Xunantunich,
Altún Ha, Cuello, Nohmul, Lamanai, Lubaantun,
Nim Li Punit, Caracol y Cerros. Cuando los españoles
llegaron a México y Centroamérica, la
estructura económica y política de los
mayas se había colapsado y sólo unos cuantos
de ellos permanecieron en lo que hoy se conoce como
Belize. Durante la época de la Conquista, este
territorio no atrajo a los españoles pues su
población era mínima y la poca profundidad
de sus aguas no permitía que sus embarcaciones
navegaran por ellas. Lo que para los españoles
era una desventaja fue aprovechado por piratas ingleses
y escoceses, quienes consideraron a la barrera arrecifal
como una protección natural.
Para
el fin del siglo XVIII, el gobierno británico
ya había tomado posesión de Belize, cuya
principal actividad eran los aserraderos, sobre todo
la explotación de caoba. La gran demanda de este
producto provocó que Belize se convirtiera en
una próspera colonia. Esclavos africanos fueron
traídos para ayudar en la producción.
Posteriormente, y debido a la Guerra de las Castas en
la Península de Yucatán, muchos mayas
y mestizos se refugiaron en Belize; durante el siglo
XIX algunos británicos se mudaron a Belize.
La
diversidad de razas que habitan en esta pequeña
porción de tierra es testigo de los diversos
acontecimientos que han conformado el país. En
sus tierras habitan criollos, mayas, mestizos, garifunas
(negros con sangre de indios caribs) y menonitas. No
fue sino hasta 1981 cuando Belize reconoció oficialmente
su independencia y soberanía. Después
del auge maderero de los siglos XVI y XVII, Belize no
ha logrado recobrar la opulencia económica de
esos años. Actualmente, gracias a sus bellezas
naturales, el turismo es parte fundamental de la economía
de Belize.
El inglés sigue siendo el idioma más comúnmente
hablado, igual que el criollo, pero el español
se habla con más frecuencia ahora. Los Garifunas,
Mayas y Menonitas hablan su propio lenguaje.
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